martes, 21 de octubre de 2008

Itziar

-¿Me das un besito Itziar?-

-No-


Siempre se negaba a regalarle el beso que él necesitaba para aterrizar, para aterrizar de verdad, para sentirse en casa.

Aquellos vuelos transoceánicos le robaban sus mejillas y sus latidos demasiados dias, y a ella, cada vez le costaba más soportarlo, así que, como no encontraba otro modo de hacérselo saber, le negaba sus besos, evitaba sus ojos, se escondía, pero... sin dejar de observarlo.

La maleta repleta de regalos debía esperar, no, no era justo utilizarlos como soborno, no podía comprar aquel tacto que tanta falta le hacía, debía venir sin más.

Necesitaba horas, a veces incluso un dia, o dos, para poder acostumbrarse a verlo recorriendo su casa, sus habitaciones, sus rincones... acostumbrarse a que había vuelto, convencerse de que era real, no soñaba, estaba en casa...

Entonces sí, en ese momento ya podía avalanzarse sobre él, agarrarse a su cuello, y llenarlo de besos...

-¿Me das un besito Itziar?-

-Todos-

1 comentario:

Gabrielle Q. dijo...

tengo que confesar que he sido
la que niega los besos, la que
se esconde.
por más que se haya extrañado a
la persona, es raro acostumbrarse
a su presencia otra vez.
sobre todo si sabés que se marchará una vez más...