viernes, 12 de diciembre de 2008

Probando

Aquel muro, la tapia, así la llamábamos, servía como uno de los primeros elementos de segregación, sí, al parecer tenemos muy arraigado el hábito de hacer grupos, de distinguir, diferenciar... a este lado los que sí, y allí, el resto.

La tapia era la responsable de resaltar la diferencia, de una parte quedaban los que podían trepar por ella, de otra los que no, en realidad, los que aún no.

La motivación no era lo que había al otro lado, en realidad, a pocos metros había una puerta para cruzar, pero... claro, sólo la utilizaban aquellos que no eran capaces...

Una vez conseguida la hazaña, había que recordar bien el procedimiento, los movimientos, los gestos... porque cada tarde se repetía la prueba varias veces, tantas como fuera necesario, y había que estar siempre dispuesto a cumplir con las expectativas, a probar que...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay veces, que el muro mas alto, mas grande, y más infranqueable está en nuestro interior... que el miedo a exponerse, a saltar, a dejarlo todo y romper el muro, la alambrada, incluso reventar la puerta.... el miedo, es el muro que a todos nos bloquea y no nos permite soñar, ser como somos, aprender del otro...

Ese es el muro que no hay que probar saltar, hay que saltarlo

Julia Mena dijo...

me encantó
:)

Dara Scully dijo...

A probar lo que se vale. A eso se reduce todo, siempre.




Miau

Nébula dijo...

Es agotador, siempre estar probando y probándonos que podemos probar y aprobar :/

mariajose dijo...

la altura del muro la definimos nosotros mismos.
cuanto mas alto nos lo ponemos menos felices somos.

una pasajera + dijo...

hoy por hoy, digo q directamente cruzo la puerta.

Encantada de perderme x aquí...y ya que estoy aquí y leo el comentario de Anónimo, me hubiese gustado perderme en su blog tb... y decirle que saltar ese muro y sobrevivir...tiene tela

Viktor Gómez dijo...

Es una suerte no quedar enmedio.
En la intentona o en la caída,
en un lado ú otro, aún se sabe
quien se es.

La vida suele ser una carrera
de obstáculos. El tiempo es una
suceción de tapias. La última
es la que no engaña, tampoco
tiene pre-aviso.

En cualquier caso, de hoy
sabemos que quedarse enmedio,
desquiciado, es la más vulnerable
y paradójica de las situaciones.
Una suerte de kafkiana desgracia,
más común de lo que la ceguera
o ignorancia nos dejan percibir.
(Hablo por mí).


Un abrazo,

Víktor