lunes, 16 de noviembre de 2009

dejar las cenizas

Siempre lo construyen despacio, son minuciosos al extremo, no se permiten obviar ni uno solo de los detalles.

Se descubren, se observan de lejos, se aproximan, se observan de cerca, se alejan, cambian e intercambian perspectivas, se miran.

Se huelen, tan tan pegados que... aún sin rozarse, se asedian... se rodean, olfatean su calor, se sienten.

Se dicen, prestan sus oídos a lo innegable... y a susurros, se confiesan... esas palabras que arrullan el alma.

Se tocan, rozan sus mejillas, acarician la punta de su nariz, transitan sus párpados cerrados... y, finalmente, aciertan a respirar el mismo aire... a encontrarse, en la boca del otro.

Juegan, se humedecen mutuamente los labios recorriéndolos con la lengua... se saborean, se exploran, se aprenden, se prueban, se investigan, se paladean, se analizan, se relamen... se besan.

Se aman.

Siempre lo construyen despacio, son minuciosos al extremo, no se permiten obviar ni uno solo de los detalles, es lo que ellos llaman, arquitectura de un beso.

A mi brillante C de tiza blanca, tú que iluminas mis noches, sean o no de creciente.

4 comentarios:

ILSA dijo...

Bendita arquitectura!!

Bubble dijo...

ummmm!

eres... INCREÍBLE!

Anónimo dijo...

increíble, sí...

Cibertecla dijo...

una ciencia exacta! precioso, minucioso...

^__^