miércoles, 16 de diciembre de 2009

Delicias

Volver, regresar, a veces, no resulta sencillo. Todo ayuda, o nada ayuda, no sabría decir.

De tantos abrazos, que debieron ser miles, o millones, o algo muy cercano al infinito, sí, ese infinito tan tan enorme que... que me sabe a poco, a apenas nada, porque en cuanto acaba uno necesito otro, y otro, y... pues, de tantos, mi abrigo quedó repleto de esas pelusas que decidía regalarle el suyo con cada acercamiento, con cada roce, cada vez que se comunicaban, cada vez que nos hablábamos muy muy pegados... no, no ayuda encontrarme alguna de sus huellas cada vez que me abriga, y justo ahora, tenemos una ola de frío.

Tampoco ayudan las galletas, esos pedazos de dulce que me regaló alojados en una cajita pintada de invierno... los trocitos de Luna, las estrellitas bronceadas, me llevan hasta ella cada vez que retiro la tapadera, cada vez que las respiro lentamente, cada vez que una de esas dulzonas se deshace en mi boca, despacio...

Y... aún menos su aroma... su esencia en mi mano, mi mano rastreadora, mi mano deleitosa, mi mano placentera... impregnada de... su exaltación...

5 comentarios:

inma dijo...

me gusta.

Isabel Martínez Llorente dijo...

Y sin embargo... queda ahí porque ha sido. Ayuda... o no, pero no se va del todo.

Ali dijo...

;)

Anónimo dijo...

ummm....
me pones los pelos de punta, chico!!

Angie dijo...

Sin duda, un texto muy evocador. Me ha encantado eso de "una cajita pintada de invierno".

Saludos