jueves, 3 de diciembre de 2009

Un día de Luna llena

De todos los monstruos clásicos, ésos que colman la fabulosa filmografía de terror, si tuviera que elegir entre...

Drácula, el más afamado de los vampiros, un ser dotado de una fuerza sobrenatural, control sobre la meteorología, con el poder de convertirse en un animal, uno repugnante, por supuesto, y, en fin, que duerme en un ataúd, bebe sangre...

Un licántropo, probablemente sea el más intercultural, el más globalizado, su caso es de lo más elemental, un hombre corriente, vulgar, anodino, que se convierte en lobo a la luz de la Luna llena. No tiene añadidos, es un lobo corriente y mordiente.

Y otros advenedizos como Frankenstein o el hombre mosca... nada que aportar, poco más que querubines, con sus alas y todo.

Pero, de todos ellos, si tuviera que escoger, me quedaría con la momia. Un muerto, o semi-muerto, o no-vivo, que se pasea aquí y allá embalado en apósitos, con esa existencia aparente, completamente envuelto, sin el más mínimo resquicio abierto a la realidad, cumplidamente resguardado ante cualquier importunio.

"Lo que me encanta del cine fantástico es que sea tan artesanal, tan de ingenio."
Paul Naschy.

Yo tampoco descanso las noches de Luna llena.

1 comentario:

Isabel dijo...

no lo había pensado nunca, pero creo que yo también me quedo con la momia