miércoles, 20 de enero de 2010

Delirio

Un inevitable radiador sumado a las reducidas dimensiones de aquel cuartucho y, claro, la intensa actividad previa, hacían que, a pesar de ser invierno, se sintiera sofocado y las gotas de sudor no cejaran en su lenta huida por su tez.

Jadeaba sentado en el suelo, sobre una alfombra que contribuía a acalorar aún más la atmósfera, desnudo, con los ojos bien abiertos, pero no conseguía ver nada, la oscuridad era absoluta.

El zumbido que sus alterados resoplidos le provocaban en los oídos no le permitía deslindar ninguno de los sonidos que alcanzaba a escuchar.

Olor, percibía un olor cada vez más intenso, un olor fuerte, profundo, que se acentuaba por momentos, y decidió permanecer inmóvil, a la espera, intentando averiguar mentalmente el origen, repasando uno a uno los objetos que había visto en la habitación.

Olor, más y más penetrante cada segundo, punzante, agudo... ácido.

De repente sintió un leve hormigueo en su nariz, en sus labios, como un fugaz cosquilleo cuyo origen no pudo identificar más allá de que se trataba de la causa de aquel olor... inclinó la cabeza levemente hacia atrás buscando la procedencia de ambas sensaciones, inspiró profundamente y... sonrió.

Reclinó lentamente su cuerpo hacia delante, como esperando encontrar, buscando... entreabrió la boca, extendió la lengua y... allí estaba ella, de pié, con las piernas ligeramente separadas, evidenciando el interior de su sexo con las manos, esperándolo...

4 comentarios:

Paula dijo...

Muy bueno. Y sensual. Si señor.

Anónimo dijo...

o-fú!

Laia... dijo...

Delirante, sin duda.

candela dijo...

me gusta :)