jueves, 15 de abril de 2010

Una tarde cualquiera

Andaba como desorientado, perdido, caminaba sin saber bien hacia dónde, derrotado, deambulaba... la acera, un bordillo, el pavimento, una zancada sobre el cebreado, otro paso, unos frenos que chirrían y el parachoques de un automóvil pegado a mi rodilla... he sentido el silencio, he sentido los gritos.

Sí, al levantar los ojos he comprobado que mi semáforo irradiaba rojo.

1 comentario:

ILSA dijo...

Abre los ojos y ten cuidado. Siempre hay rojo por todas partes. Mira que si el parachoques nos quitara este blog.
Abre los ojos, abre bien los ojos.