domingo, 30 de enero de 2011

Cisura

Se fue la luz. Un cortacorriente humeó y la casa quedó sin electricidad. Ya había anochecido pero mi severa rutina continuó consumándose como si nada hubiera sucedido, no fui consciente de la oscuridad hasta que pretendí enchufar la radio, horas después.

viernes, 14 de enero de 2011

Aprehender

Los he seguido, ¿has hecho qué?, seguirlos, sí, me han llamado la atención, no sé bien por qué, pero cuando los he visto frente a la catedral... pues... he notado algo, no sabría decirte, y he estado observándolos durante un rato mientras caminaba detrás de ellos, desvarías, no, lo he hecho, es cierto, parecían deambular, se mantenían a una distancia "amistosa", "¿amistosa?", hablaban, poco, pero hablaban, no se miraban, y tampoco se tocaban, después han llegado a la terraza de un bar y antes de sentarse se han dado un beso en la boca, ha sido un beso estúpido, sin abrazo, sin caricias, sin sonrisas... son amigos, pero aún no se han dado cuenta.

Acíbar

La ráfaga le agarró con la zamarra rota, aquel vendaval aprovechó la raja indebidamente desdentada para inmiscuirse en sus extravagancias y dejar al descubierto toda su singularidad.

viernes, 7 de enero de 2011

Atisbo

Se presentaron las palabras, imprevistas y fulgurantes.

Comenzaron con ese ritmo cadencioso y melódico, hechizando a los ojos atentos y atrevidos que callejeaban por sus giros, connotaciones, significados y extensiones, recubriendo comarcas, regiones, continentes, incluso planetas de un universo en expansión que no dejó, ni deja, de agrandarse, de crecer.

Asomaron después a los oídos... murmullos, susurros, voces simétricas, arpegios de un acorde que se dilata ocupando instantes y coyunturas de una variedad armónica desmedida, y siempre en plural.

Finalmente fueron manuscritas, impregnaron papiros y papiros de piel como transcripción dactilar de una ternura sosegada y plácida, como expresión táctil de una pasión delicada.

Inesperados destellos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Límites

¿Alguna vez has sentido el afán de desvanecerte entre la tramoya?, fue lo último que escuchó de sus labios, después respondió con un suspiro, pero resultó imperceptible en aquel hervidero, e incapaz para cualquier otra ilusión.