viernes, 7 de enero de 2011

Atisbo

Se presentaron las palabras, imprevistas y fulgurantes.

Comenzaron con ese ritmo cadencioso y melódico, hechizando a los ojos atentos y atrevidos que callejeaban por sus giros, connotaciones, significados y extensiones, recubriendo comarcas, regiones, continentes, incluso planetas de un universo en expansión que no dejó, ni deja, de agrandarse, de crecer.

Asomaron después a los oídos... murmullos, susurros, voces simétricas, arpegios de un acorde que se dilata ocupando instantes y coyunturas de una variedad armónica desmedida, y siempre en plural.

Finalmente fueron manuscritas, impregnaron papiros y papiros de piel como transcripción dactilar de una ternura sosegada y plácida, como expresión táctil de una pasión delicada.

Inesperados destellos.

1 comentario:

Laura dijo...

¿Y cúales fueron esas primeras palabras advenedizas que se adueñaron de todos los oidos y papiros?

Por cierto interesante foto en flickr que me sugirió la epidermis marina dónde confluyen difuminados o potenciados,los 4 elementos en una armonía de antagonismos que posiblemente sea la clave secreta del propio universo.

No pude comentarla allí,Perdón por hacerlo fuera de lugar y seguramente a des-tiempo..