La reiteración origina hábitos, la costumbre establece pautas, y sin paradigmas no podríamos soñar, vivir.
Un corazón latiente nos convence de que nunca cederá, y jamás lo hace. Existimos gracias a una rutina ininterrumpida y perenne en la que a toda contracción sobreviene una dilatación conformando una trama que es interpretada de forma vitalicia.
Hasta que se detiene, y ya nada es posible, y ya nada existe.
Un corazón latiente nos convence de que nunca cederá, y jamás lo hace. Existimos gracias a una rutina ininterrumpida y perenne en la que a toda contracción sobreviene una dilatación conformando una trama que es interpretada de forma vitalicia.
Hasta que se detiene, y ya nada es posible, y ya nada existe.
1 comentarios:
Por eso hay que insistir, cuando llega el fin y ya no hay tiempo para nada, entonces sí que nos daremos por vencidos (ya que no nos quedará otra), mientras tanto seguiremos con todas y cada una de las reiteraciones que nos hacen soñar, vivir...
Me ha gustado mucho esta entrada.
Un beso!!
Publicar un comentario en la entrada