jueves, 9 de febrero de 2012

Voilà

El barbado prestidigitador mangonea sin miramientos, y con gran maestría, a los avispados asistentes, le basta un espontáneo e inesperado movimiento de ojos para exigir a los presentes que trasladen toda su atención hacia una de sus manos, allá, al final del brazo extendido, donde sostiene un pequeño bombín. Todos y cada uno de los espectadores obedecen sin titubear.

La absolutamente imprevisible aparición de un ridículo gazapo enardece al gentío.

Mientras, en el otro extremo del escenario, un enorme paquidermo rosado sonríe orgulloso. El engaño ha vuelto a consumarse, nadie se ha percatado de que es él quien acciona el complejo mecanismo que transporta al conejo desde un cajón hasta el sombrero del sin par mago.

1 comentario:

Alegria De La Huerta dijo...

Parece haber muchas maniobras de distracción y mientras nosotros asistiendo al desmantelamiento de todo lo conseguido y lo que aún quedaba por conseguir.